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El club de barrio que fabrica sus propios trofeos con plástico reciclado

Una comisión de padres armó un taller para no depender de premios comprados

Publicado el 14 de marzo de 2024 · Por la redacción de Un Millón de Pequeñas Noticias · Hechos comprobados

Tapitas plásticas de colores acumuladas en una caja
Tapitas separadas por color antes de pasar por la trituradora.

Los trofeos de fin de torneo dejaron de comprarse en el club. Desde hace unos meses, un grupo de padres, chicos y vecinos los fabrica en un galpón prestado, con plástico recuperado que llega en bolsas desde las casas del barrio. El taller abre los sábados por la mañana y no depende de ningún proveedor externo: depende de cuántas tapitas juntó la semana.

La decisión no fue ideológica al principio. Fue una cuenta simple: cada temporada cerraban varios torneos internos y la comisión tenía que salir a buscar premios que ya no entraban en el presupuesto. Alguien propuso probar con plástico fundido, otro consiguió un galpón, y el resto se fue sumando a medida que el método se estabilizaba.

Cómo se arma un trofeo, paso por paso

  1. Acopio y separación

    Las tapitas llegan mezcladas. Se separan por color porque el resultado final cambia según la mezcla: los tonos claros dan piezas más parejas, los oscuros tapan mejor las burbujas que quedan al enfriar.

  2. Triturado

    Se muelen en una trituradora adaptada por un vecino que trabaja en un taller metalúrgico. Ahí apareció el primer problema serio: el polvo que levanta el plástico molido obligó a usar barbijo y a trabajar con la puerta abierta.

  3. Fundido y molde

    El material se calienta en una olla que nadie usa para cocinar y se vuelca en moldes de metal. La temperatura se controla a ojo, con una varilla que se apoya sobre la mezcla para ver si ya tomó consistencia.

  4. Lijado y pintura

    Cada pieza se lija a mano antes de pintarla. Es la etapa más lenta y la que más manos necesita. Los chicos del club suelen encargarse de esta parte mientras los adultos cierran los bordes.

  5. Grabado

    Antes de la última capa de pintura se graba el nombre del torneo y el año. La comisión lo decidió después de la primera entrega: sin esa marca, los trofeos se parecían demasiado entre sí y se perdía la referencia de qué se estaba premiando.

Lo que tuvieron que resolver antes de seguir

El primer sábado de taller terminó antes de lo previsto. El plástico fundido despide vapores y nadie había pensado en ventilación. La comisión consultó a un técnico en seguridad e higiene que colabora con el club y desde entonces trabajan con dos ventiladores cruzados, guantes de cuero y un extintor a mano. También acordaron que los chicos no se acerquen a la zona de fundido: solo participan del lijado y la pintura.

Otro punto que costó fue el secado. Las primeras piezas quedaron con la base torcida porque se desmoldearon antes de tiempo. Ahora esperan una jornada completa y guardan los moldes en un estante alto, fuera del alcance de los más chicos.

Qué dicen los que ya recibieron uno

Los primeros trofeos se entregaron en el torneo de cierre de categoría sub-13. Varios chicos los tienen en la pieza y algunos los llevaron a la escuela para mostrarlos. La diferencia con un premio comprado, dicen, es que se sabe de dónde salió: muchos reconocen las tapitas que ellos mismos juntaron en sus casas.

La comisión no descarta que el taller se abra a otros clubes del barrio. Por ahora funciona con lo que hay: un galpón prestado, una trituradora adaptada y una lista de vecinos que se turnan los sábados. Si el método se sostiene, el próximo paso sería armar un registro escrito de cada pieza entregada, para saber cuántas salieron y con qué material.

Autoría y responsabilidad editorial

Nota firmada por el equipo editorial del medio

Esta nota sobre el club de barrio que fabrica sus propios trofeos con plástico reciclado fue redactada y verificada por la redacción de Un Millón de Pequeñas Noticias, con sede en Santa Fe. El texto se apoya en el relato de la comisión de padres que organiza el taller de los sábados, en la descripción del proceso —juntar tapitas, triturarlas, fundirlas en moldes, lijar y pintar cada pieza— y en los testimonios de algunos chicos que ya recibieron un trofeo con el nombre del torneo grabado.

No publicamos datos que no podamos sostener: si una etapa del taller, una fuente o una fecha no quedó confirmada al momento del cierre, lo aclaramos en la propia nota. Las correcciones posteriores se agregan al final del artículo con fecha y detalle del cambio, según la política de rectificaciones del medio. Para consultas sobre esta historia o para proponer una corrección, la redacción atiende en contact@millionnews.com y en San Martín 1732, S3000 Santa Fe, Argentina.

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Tres lecturas para ampliar lo que quedó abierto en el galpón de los sábados: cómo se reutilizan materiales, cómo se ordena un archivo que parecía perdido y qué otras soluciones barriales se sostienen sin presupuesto.

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Todas las historias publicadas hasta ahora

El taller de trofeos no es un caso aislado. En el archivo del medio conviven inventos vecinales, iniciativas escolares, registros ciudadanos y soluciones cotidianas que se sostienen con lo que hay a mano. Cada pieza se publica con fecha, fuentes consultadas y la etiqueta que aclara si es hecho comprobado, opinión o contenido patrocinado.

Las historias de esta selección son ejemplos del proceso editorial del medio: se publican con fecha, fuentes citadas y correcciones visibles cuando corresponde.

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Si viste cómo una comisión de padres junta tapitas, las tritura y las funde en moldes para armar los trofeos del torneo, eso nos interesa. También sirve un archivo familiar con programas de actos, una huerta escolar que anota cambios en las hojas o un vecino que repara algo con descartes de obra. No hace falta que el relato esté cerrado: alcanza con el punto de partida y los datos que tengas a mano.

Antes de enviar, tené presente qué conviene incluir:

  • Quiénes participan del taller, la comisión o el grupo, y desde cuándo lo hacen.
  • Qué materiales, herramientas o documentos aparecen en la historia.
  • Qué etapas del proceso pudiste ver y cuáles te contaron.
  • Qué personas, archivos o registros podrían confirmar los datos.
  • Qué parte del relato todavía no está clara o quedó sin resolver.

El equipo editorial revisa cada envío, contrasta nombres y fechas con las fuentes disponibles y decide si la historia se publica en Historias, Ciencia cercana o Comunidad. Si hay datos que no se pueden confirmar, quedan señalados en el texto.

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